uso racional y eficiente de la energía

El uso racional y eficiente de la energía es uno de los objetivos prioritarios de la gestión sostenible

El uso racional y eficiente de la energía así como de los recursos naturales en general constituye en la actualidad una prioridad indiscutible y necesaria. Desde una perspectiva globalizada, sectores económicos como el transporte, la energía y la construcción, aglutinan la mayoría de los impactos ambientales. El nuestro es un sector constituido por un elevado número de industrias y empresas proveedoras de productos y servicios dispares, muchos de ellos con mínima información ambiental.

Todos los productos y servicios, incluyendo evidentemente el de proyectar edificios han de tener como meta inexcusable conseguir que alcancen el final de su vida útil con el menor impacto ambiental posible, herramienta de competitividad imprescindible para el desarrollo de una nueva sociedad.
La energía es un punto esencial en una política europea que pretende que las edificaciones tengan el mínimo consumo posible. Si se reduce la demanda y se potencia el empleo de soluciones como paneles fotovoltaicos y aprovechamiento de la energía solar, geotérmica, biomasa, energía eólica y otros sistemas de alto rendimiento y mínima emisión de gases de efecto invernadero, se puede llegar a disminuir entre un 40 y un 70% el consumo energético con relación a las metodologías convencionales.
Lentamente, tanto desde los diversos ámbitos de las administraciones como de la iniciativa privada, van surgiendo herramientas objetivas que integran conceptos hasta ahora divergentes. Términos como ecodiseño, ACV , eficiencia energética o huella hídrica entre otros, han de superponerse a otros, quizás menos tangibles pero no por ello importantes, como pueden ser los mecanismos de flexibilidad para el cumplimiento de los compromisos de Kyoto:

  • Proyectos de Desarrollo Limpio (MDL)
  • Proyectos de Aplicación Conjunta (AC)
  • Comercio de Derechos de emisión.

La visión tradicional de mercado, limitada, ha de reconvertirse de manera que el coste energético y medioambiental se consoliden como oportunidad de competitividad, con una repercusión económica directa y mecanismos para incentivarlo.

Energía

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